El metal se respira

“Una lámina de metal es un objeto con vida, y respira. Vive o muere dependiendo de nuestras habilidades.” Dice el maestro Kaoru Saito “Puliendo el metal, lo podemos dañar, así que no me apresuro puliéndolo. Lo pulo solo como toque final.”

Construir un vehículo sin una hoja de metal sería imposible. Procesos tales como trabajar el metal, soldarlo y realizar un tratamiento de la superficie, son vitales para la manufactura de un carro. El veterano Kaoru Saito es un experto en trabajar el metal dentro de la planta de Mazda ubicada en Hiroshima, quien tiene habilidades superiores en todos estos procesos.

Saito logra hábilmente trabajar y transformar una lámina de metal usando sus manos, incluso llegando a corregir errores imperceptibles cuando se presentan distorsiones en la soldadura que no supera los 0.8 mm de espesor. Por la gran precisión de su trabajo manual, a Saito se le nombró como el “Modern Master Craftsman” (Maestro Artesano Moderno), otorgado por el gobierno de Japón en el 2012.

Actualmente Saito ha buscado cómo transmitir su conocimiento y enseñar sus habilidades a generaciones futuras. Hasta ahora ya capacitó a más de cien jóvenes trabajadores interesados en dominar las técnicas aplicadas al metal, que con grandes esfuerzos deberán sobresalir en pruebas a nivel nacional así como dentro de la empresa.

“Lo que importa es ponerse una meta y trabajar persistentemente sin tener miedo a cometer errores.” menciona Saito. Su consejo para todos los jóvenes aspirantes es “crecer a través del pensamiento y aprender de los errores que cometen, en lugar de solo hacer lo que se les pide, convirtiéndose en modeladores que logran tener un balance entre conocimiento, actitud y habilidades.

Llegará el día en que jóvenes maestros artesanos tomen el lugar de Saito y conserven vivo el carácter distintivo de la manufactura de Mazda con el toque humano.

Descubre el origen y la fuerza que acompañan el logo Mazda

Entre las historias de los logos de coches, el caso de Mazda es llamativo; casi tanto como los mismos orígenes de la marca. Unos orígenes que tienen por protagonista a un hombre de negocios hecho a sí mismo: Jujiro Matsuda. Tras una carrera empresarial prolífica, en 1921 Matsuda es requerido para dirigir la Toyo Cork Kogyo Company, una empresa dedicada a la producción de corcho que pasa por su peor momento después de la Primera Guerra Mundial.

Son tiempos de reconstrucción, primero tras la Gran Guerra y más adelante tras el gran terremoto de Kantō, sucedido en 1923, así que la necesidad lleva a Matsuda a abandonar el corcho y centrarse en la maquinaria pesada y las herramientas a través de la Toyo Kogyo, que funda en 1927. No será hasta 1929 que Matsuda se plantee fabricar automóviles y funde una marca que llevará el nombre de Ahura Mazda, dios persa de la sabiduría, la armonía y la inteligencia según el Zoroastrismo.

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En 1931 sale de la línea de producción el primer modelo de Mazda: el Mazda-Go en sus versiones DA, DB, DC, KA, KB, KC y TCS. Se trata de un vehículo de tres ruedas que supone una revolución en la empresa de Jujiro Matsuda. Al cabo de sólo tres años es necesario que Matsuda amplíe las instalaciones de Mazda para poder dar salida a la demanda de sus vehículos, una demanda con la que llega a suministrar vehículos a China. En este modelo apreciamos el primer logo de Mazda, una leyenda con el nombre de la divinidad que identifica esta aventura empresarial.

 

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1936 es el año en el que el proteccionismo del Gobierno de Japón impulsa la producción autóctona de vehículos, y es el año también en el que se produce el primer cambio en la imagen de Mazda, llevado a cabo de una manera que será común a buena parte de los posteriores rediseños del emblema. La simplificación lleva al fabricante de Hiroshima a dejar su logo en una inicial M compuesta por tres franjas de color sobre un fondo claro. Estas tres M aludirían a Mazda Motor Manufacturer, así en inglés y según cuenta la improbable leyenda, aunque lo más evidente es que la forma de la M alargada hacia los lados en forma de alas simboliza la agilidad y la velocidad.

 

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En 1959, tras la reconstrucción de Japón después de la Segunda Guerra Mundial, y con una Mazda en plena expansión que está a punto de lanzar el Mazda R360 y el Mazda Carol, el logo de Mazda cambia de forma, pasa a estar compuesto por una M que se prolonga por una asta ascendente de entrada y por una asta descendente de salida, sobre un vistoso fondo circular. Los tiempos de crecimiento de la marca nipona vienen acompañados de la alianza con la alemana NSU, cuyos motores rotativos Wankel marcarán la historia de la firma de Hiroshima en los años siguientes.

Logos de coches - Mazda - 1962 

El año 1975 marca un nuevo punto de inflexión en la marca que se traduce en un emblema completamente nuevo y rompedor. La década trae consigo los frutos del trabajo con motores rotativos, y la deportividad y un cierto sentido futurista se reflejan en un emblema basado en una leyenda sin logotipo propiamente dicho, cuyos trazos gruesos combinan letras mayúsculas y minúsculas a una misma altura. Esta identificación corporativa se mantendrá hasta nuestros días.

 

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Los años 1991 y 1992 traen de vuelta la simplificación a los logos de Mazda. El primero de ellos, conocido como Cylon, es una composición que busca en el fuego y el sol dos elementos con los que identificar la pasión. El segundo, conocido como Eternal Flame, simplifica los rasgos del primero y los convierte en unas alas, un sol y un círculo de luz. Ambos se acompañan de la leyenda “mazda”, lanzada en 1975.

 

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En 1997 nace el actual logo de Mazda, obra de Rei Yoshimara, a partir de la abstracción de los dos emblemas anteriores. Se conoce este logo de Mazda como Flying M, a causa de que combina en un círculo —símbolo clásico de la perfección— una gran inicial M volante sobre una V que evoca unas alas, de un modo similar al emblema histórico de 1936, lanzando un mensaje sobre la voluntad de la marca japonesa por llegar cada vez más lejos.

Fuente: motorpasion.com

Mazda CX-3 a prueba: ¿la referencia en el segmento? Sí, al menos por su dinámica.

Mazda se adentra en el segmento de los SUV del segmento B con especial gracia, con una más que interesante apuesta, un Mazda CX-3 que lleva el nuevo lenguaje de diseño de la marca, esta nueva etapa que están viviendo lo de Hiroshima, a un nueva dimensión. Nace dispuesto a verse las caras con el Nissan Juke, con el Renault Captur, con el Peugeot 2008 y en definitiva con toda esa enorme ola de pequeños crossovers que ya se han olvidado por completo del campo y se han propuesto conquistar la ciudad. Ahora es el momento de ponernos tras el volante de este nuevo Mazda CX3 y conocer como se desenvuelve dinámicamente o si su interior estará a la altura de esa atractiva planta.

Culminando una nueva línea de productos:
Buenos tiempos corren en una Mazda en la que en un corto periodo de tiempo ha visto como ha evolucionado su gama hacia un nuevo lenguaje de diseño, nuevas tecnologías y motorizaciones. De los Mazda3 y Mazda6 a un nuevo Mazda2 del que bebe bastante este MazdaCX3 o un nuevo Mazda MX-5, todos ellos amparados bajo el paraguas del lenguaje de diseño KODO y la tecnología Skyactiv.

Esta nueva gama de productos ya se están haciendo notar realmente bien en las cifras de ventas de la marca que atendiendo de manera particular al caso que nos ocupa hoy, ciñéndonos al Mazda CX 3, nos dejan con una previsiones de ventas a 12 meses de unas 4.000 unidades de las cuales un 90% serán de tracción delantera, un 80% con cambio manual y un 70% con motorización diésel.

Entrar en el interior del Mazda CX-3 te resultará enormemente familiar si has entrado recientemente en el de un Mazda2. A primer golpe de vista nos encontramos con un buen diseño, una bonita instrumentación presidida por su cuentarrevoluciones, la pantalla de su sistema multimedia coronando el salpicadero, un buen aspecto para su volante, esos aireadores redondeados…

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La principal pega del interior de este CX-3 llega al abordar su habitabilidad, al tratar el espacio disponible. Las plazas delanteras se saldan con una correcta disposición, pero las traseras resultan algo estrechas y sobre todo con un espacio longitudinal algo limitado, aunque claro, debemos tener presente que estamos ante un coche del segmento B y que su uso principal va a ser urbano con ciertos trayectos interurbanos. Las formas dadas a la caída de su techo, a esas ventanillas posteriores, acrecientan además la sensación de falta de espacio.

En lo relativo a su maletero nos encontramos en cambio con una buena capacidad de carga, ofreciéndonos 350 litros con un espacio de rectas formas y con una boca de fácil acceso. Por contextualizar su tamaño cabe recordar que un SEAT León ofrece una capacidad cercana con 380 litros. Si plegamos la fila posterior de asientos nos topamos entonces con una capacidad de 1.260 litros.

Ponemos en marcha su mecánica. Su instrumentación cobra vida y el habitáculo queda comandado por una grata suavidad y silencio. No hay vibraciones, el motor palpita pausadamente y el habitáculo nos demuestra un agradable aislamiento. Meses atrás cuando me puse por primera vez detrás de su volante y probé la alternativa diésel me encontré con una sensación similar pero no tan acusada.

Los primeros metros se perciben con una firme suspensión y una dirección con un buen tarado, buen peso y precisión que se saldan minutos después con una primera sucesión de curvas en las que el CX 3 saca a relucir otro de sus grandes pilares, una dinámica realmente buena de imperceptible balanceo e incluso ligero deleite, algo a destacar si tenemos en cuenta que ante nosotros tenemos un coche del segmento B y con carrocería SUV.

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